Salir rápido
Pulsa este botón en cualquier momento para abandonar de inmediato esta página
Recuerda borrar tu historial de navegación para no dejar rastro después de informarte
Utilizamos cookies propias y de terceros únicamente para realizar mediciones y análisis estadísticos de la navegación por las diferentes secciones de la página web con la finalidad de mejorar el contenido que ofrecemos. Al hacer click en 'Aceptar todas las cookies', consiente que todas las cookies se guarden en su dispositivo. Para configurarlas o rechazar su uso haga click en el botón 'Configurar Cookies'.
Para más información consulte nuestra política de cookies
Salir rápido
Pulsa este botón en cualquier momento para abandonar de inmediato esta página
Recuerda borrar tu historial de navegación para no dejar rastro después de informarte
A petición de la Fiscalía de Memoria Democrática, el titular de la plaza n.º 1 de Santoña declara que fue sometido a juicio “sin el más elemental respeto a los derechos humanos”
Santander, 27 de marzo de 2026.-
El titular de la plaza n.º 1 del Tribunal de Instancia de Santoña ha declarado que Luis Herrera Armijo fue condenado a muerte en el año 1939 “sin que cometiera delito alguno”.
El magistrado atiende así a la solicitud de la Fiscalía de Memoria Democrática, que promovió un expediente de jurisdicción voluntaria para la declaración judicial sobre hechos pasados.
Según se recoge en la resolución, Luis Herrera Armijo “fue sometido a un juicio sumarísimo sin garantías, sin posibilidad de defensa y sin el más elemental respeto a los derechos humanos”.
La sentencia que le condenó a muerte “se basó en hechos no contrastados, que no se ajustaron a la realidad”, añade.
La condena se produjo en 1939 pero posteriormente le conmutaron la pena por reclusión mayor. En el año 1945 se le concedió la libertad provisional.
Durante esos años, señala el auto que “estuvo preso de forma arbitraria e injusta”, y tras su salida de prisión “fue sometido a control durante toda su vida, e incluso tras su muerte”.
Y es que “fue obligado a someterse a un control permanente” porque anualmente debía presentarse en un órgano judicial, e incluso se le obligó a presentarse ante la autoridad con motivo de la visita de Franco al País Vasco en 1968, cuando Luis Herrera Armijo ya había fallecido.
En la testifical prestada por su hija ante el Tribunal de Instancia de Santoña esta relató estos hechos, acreditados con prueba documental, y atribuyó el trato recibido por su padre a su afiliación sindical y a que estaba prestando el servicio militar en el momento del golpe de estado.
Finalmente, el auto también declara que la esposa del afectado “a lo largo de los años aceptó con resignación la situación de control y persecución”.