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El Tribunal de Instancia de Santander le impone además una indemnización por daños morales de 275 euros al dueño del perro y a su madre porque “también sufren el padecimiento que aprecian en aquel”
Santander, 27 de marzo de 2026.-
La titular de la Plaza n.º 2 de la Sección Penal del Tribunal de Instancia de Santander ha condenado a un hombre al pago de una multa 1.920 euros por la agresión a un perro al que golpeó con un palo en dos ocasiones cuando este se acercó a sus dos canes.
En una sentencia que no es firme porque contra la misma cabe recurso de apelación ante la Audiencia Provincial, la magistrada le considera autor de un delito de maltrato animal.
Además de la pena de multa, le inhabilita durante un año y medio para la tenencia de animales y para desarrollar cualquier oficio o actividad que conlleve relación con estos.
Además, en concepto de responsabilidad civil, establece la juez que el ahora condenado debe indemnizar por daños morales al dueño del perro y a su madre, la mujer que lo paseaba cuando se produjo la agresión, en 275 euros.
“No solo hay dolor y sufrimiento en el animal”, sino también en el dueño y en su madre, quienes “también sufren el padecimiento que aprecian en aquel”, lo que “se encuentra constatado en la crisis de ansiedad” que sufrió la mujer a consecuencia de los hechos.
Junto a ello, deberá indemnizar al propietario del perro por los gastos médicos y las sesiones de adiestramiento que ha recibido el animal para tratar el temor que desarrolló a personas que portan palos o similares.
Según los hechos que se declaran probados en la sentencia, el hombre “golpeó en dos ocasiones con un palo en el lomo” al perro, cuando este se acercó a sus dos perros, de raza pequeña.
El animal, un cachorro de husky siberiano, sufrió lesiones consistentes en dolor en el costillar y en extremidad trasera y recibió tratamiento con antiinflamatorios.
Ante la agresión, una mujer intervino para parar el tercer golpe que el ahora condenado iba a lanzar al perro, recriminándole que no pegase al animal.
Para la magistrada, los hechos han quedado acreditados a la vista de las declaraciones testificales prestadas en el juicio, y también del propio acusado, quien alegó que le golpeó con la mano porque el perro iba a morder a los suyos.
La sentencia descarta una intervención del acusado en defensa de sus canes porque todas las testificales señalan que el cachorro no agredió a los perros, y tampoco reaccionó violentamente después de los golpes.