viernes, 2 de diciembre de 2011
Son ya 188 los menores de Murcia que han participado como jueces o juezas de paz educativos en sus centros escolares. Alumnos y profesores son formados por magistrados en este proyecto que ha recibido un Premio a la Calidad 2011 del CGPJ. Los estudiantes de Secundaria, Bachillerato y Formación Profesional entablan procesos que van más allá de la mediación en conflictos de baja intensidad.

Un grupo de estudiantes obsequia una placa al magistrado que les ha recibido en el Tribunal Superior de Justicia de la Región de Murcia
"He aprendido el significado de la Justicia...". El magistrado Joaquín Ángel de Domingo guarda con cariño en un cajón las dedicatorias que cientos de jóvenes le han mandado a su despacho de la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia de Murcia. La dedicatoria es de Paula, una alumna de secundaria: "Fue un privilegio y una gran experiencia. He aprendido el significado de la Justicia y la importancia de su aplicación".
"Me he dado cuenta de que la Justicia está presente y me he acercado a ella" (Carmen); "Ha sido una grata experiencia y formará parte de mi elección profesional. Aunque he constatado lo complejo que es tomar una decisión de manera justa para todos" (Alonso); "Sin este programa no habría aprendido muchas cosas importantes que ignoraba y ahora puedo valorar" (Enrique)
Cartas como éstas se suceden desde hace cinco años, el tiempo que este magistrado de vocación lleva embarcado en un proyecto al que dedica ilusiones y tiempo libre. Es la figura del Juez de Paz Educativo, una iniciativa que ha recibido el Premio a la Calidad de la Justicia 2011 del Consejo General del Poder Judicial, como experiencia para conseguir una Justicia más transparente. El galardón reconoce la labor de las entidades públicas que han impulsado el proyecto, la Consejería de Educación de Murcia y el TSJ de Murcia.
Los jueces de paz educativos son menores que se encuentran formándose en Educación Secundaria, Bachillerato y Formación Profesional de la Región de Murcia. Son voluntarios dedicados a mediar entre los menores en los conflictos de baja intensidad que se producen en los centros educativos.
Desde la perspectiva del razonamiento jurídico, los estudiantes establecen métodos de comunicación que permiten escuchar a las partes en conflicto, buscar una solución adecuada, reflexionar sobre el daño, reconocerlo y restaurarlo en la medida de lo posible.
La finalidad del Juez de Paz Educativo es lograr que los alumnos resuelvan de manera voluntaria y pacífica los problemas surgidos entre ellos. Es una actuación preventiva para la resolución pacífica de los conflictos.
Son ya 188 los jóvenes que han participado como jueces o juezas de paz educativos en estos cinco años.
De Domingo es el coordinador del programa. Trabaja mano a mano con el magistrado Rafael Romero del Pozo, titular del juzgado de menores número 1 de Murcia. Con ellos colaboran más de 30 jueces con destino en Murcia, de Menores, de Violencia de Género, Instrucción, Instancia, Penal o Social, además de secretarios judiciales, fiscales o miembros de la policía judicial.
Los juristas asesoran a los alumnos y docentes de los colegios. Los estudiantes, una vez formados, asumen la función de componedores de conflictos, mediante la participación, el diálogo y el consenso; fomentando un clima de convivencia.
Todo ocurre en el colegio. Tanto De Domingo como Romero destacan la curiosidad con la que los jóvenes se acercan a los tribunales para saber cómo trabajan los jueces "y la facilidad con la que adquieren habilidades para resolver sus pequeños desencuentros, sin necesidad de apercibimientos o sanciones".
Los alumnos han hecho suyo el proyecto
La figura del Juez de Paz Educativo (JPE) ha sido desarrollada de forma singular en la Región de Murcia por la Consejería de Educación y el TSJ desde el año 2006, en el marco del programa Educando en Justicia del Consejo. "Fue una idea que nació en el Tribunal y que los alumnos han hecho suya, convirtiéndose en protagonistas del esfuerzo, la motivación, el diálogo y la exigencia; en definitiva, hombres y mujeres, completos, que construirán la sociedad del mañana", explica Juan Martínez Moya, el presidente del TSJ de Murcia.
El programa ha ofrecido ya a 94 centros una herramienta de intervención ante los conflictos distinta a la sancionadora, promoviendo el valor de la Justicia en un Estado de Derecho y favoreciendo fórmulas de justicia restaurativa, mientras se protegen los intereses de las partes en conflicto y la comunidad.
"Juez de Paz Educativo es nuestro programa emblemático para fomentar valores de tolerancia, respeto y diálogo; valores imprescindibles para el desarrollo personal de nuestros alumnos", reconoce el consejero de Educación de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, Constantino Sotoca.
La formación comienza con el programa Educando en Justicia, impulsado por el CGPJ en las comunidades autónomas. Con él, los alumnos visitan los tribunales, se entrevistan con jueces y participan en un juicio donde se reparten los diferentes papeles –juez, secretario judicial, fiscal, abogados, testigos...-, bajo la dirección de un magistrado.
Posteriormente, profesores y alumnos reciben la formación para impulsar el Proyecto Juez de Paz Educativo. Jueces de menores, de violencia de género, fiscales, educadores se involucran para formarlos.
Previamente, el centro ha tenido que solicitar a la Consejería de Educación el formar parte del proyecto, tras aprobarlo el Consejo Escolar. El centro crea a su vez una Comisión de Convivencia, que será la que reciba la información de los procedimientos conciliados. Esta Comisión está formada por el director o el jefe de estudios, un profesor, un madre o madre del alumnado y un alumno.
El Proyecto define el proceso de conciliación del Juez de Paz Educativo, destinado a restablecer las relaciones cotidianas de convivencia, propiciar el acercamiento entre las partes, invitar a los compañeros a la reflexión y reconocer del eventual daño causado.
Una mediación entre menores
Un ejemplo: Llega al centro una alumna nueva y se integra en un grupo formado por cuatro chicas, compañeras de clase y que comparten salidas y horas de estudio. Una de ellas se siente desplazada y teme perder su liderazgo. "Ya nunca me llamáis, me dejáis que me siente sola en clase". Frustrada, se separa del grupo y aprovecha cualquier ocasión para ridiculizar al resto de amigas. "Es que el otro día me llamaste, sólo para insultarme, y vas hablando mal de nosotras". Ante esa actitud el rechazo del grupo es cada vez más creciente.
Una cita con los dos Jueces de Paz Educativos del centro permitió que exteriorizaran el problema ("me habéis apartado" frente a "estás celosa"). Las menores analizaron sus causas, expresaron sus sentimientos ("me sentí muy sola", "y yo no entendía tu actitud"), volvieron a empatizar poniéndose en lugar del otro ("no estuvo bien hablarte así, me puse nerviosa", "entiendo como te sentiste, a mí tampoco me hubiera gustado"), y propusieron soluciones para restablecer su amistad ("no esperaré a que me llaméis, lo haré yo", "no te sentarás más sola"). Dos besos espontáneos, entre las jóvenes, de nuevo amigas, cierran esta visita.
Los resultados son "excelentes", como reconoce Erika, junto a Mario, Juan, Irene, Cristian o María, experimentados Jueces de Paz Educativos del IES Aljada. Han intervenido en una media de 15 conflictos anuales de baja intensidad: "Es un gran invento, hace pensar y ayuda a mantener buenas relaciones entre los compañeros".
Se adjunta la documentación del Proyecto Juez de Paz Educativo, Premio a la Calidad 2011 en la modalidad de experiencia desplegada para conseguir una justicia más transparente por parte de las entidades públicas.
Copyright © General Council of the Judiciary